Dirección

Rascafría, Madrid, España

Teléfono

682 768 931

Localización
Descripción

UN LUGAR PARA EL DESCANSO DEL ESPÍRITU

Este enclave monacal, está situado en el Municipio de Rascafría, un pueblo serrano de la Sierra de Guadarrama, a 95 km. de Madrid por la A 1.

Por orden de Enrique II de Castilla, el 29 de agosto de 1390, empezaron las obras de construcción de la 1ª Cartuja de Castilla. Su hijo Juan I de Castilla, se encargó de señalar el sitio que había elegido su padre, junto a una ermita que se conocía como Santa María de El Paular. Un año más tarde la Orden de los Cartujanos, se establecieron y las obras duraron varios siglos. Estuvieron hasta 1835, que se produce la Desamortización de Mendizábal. Promovida por el Ministro de Hacienda y Presidente del Gobierno de la regente María Cristina de Borbón, Juan Álvarez de Mendizábal. Consistente en la expropiación forzosa de los bienes y tierras de la Iglesia y órdenes religiosas, conseguidas como beneficiarias de donaciones, testamentos y herencias, que se vendieron en pública subasta.

Fue adquirido el Monasterio y sus terrenos, por Rafael Sánchez Merino, con la condición de su conservación, por el precio de 40000 duros (100.000 pesetas), 119 años después, el Estado las recompró por 60000 duros (120.000 pesetas), motivada por el incumplimiento contractual de su conservación.

Después de algunos años de abandono total y con motivo de una visita del General Franco a Cataluña, hospedándose en el Monasterio de Montserrat, quedó prendado por el ambiente monacal y decidió trasladar este ambiente monacal a Madrid a la Cartuja de El Paular, pese a su gran deterioro. Se lo ofrece en 1942 a la Orden Cartuja, sus legítimos dueños, que declina el ofrecimiento de hacerse cargo de la Cartuja y es la Comunidad Benedictina de La Rioja La Abadía de Valvanera, la que se hace cargo y sus monjes llegan el 20 de marzo de 1954, por concesión del Estado durante 60 años.

El Monasterio fue desde los siglos XV al IXX el motor económico del valle del Lozoya, disponía entre sus fuentes de ingresos, de un molino de papel, donde se imprimió la editio prínceps del Quijote. Un batán de sierra de maderas, una cabaña real con 86000 ovejas merinas, explotación de la pesca en el río Lozoya, posesiones rústicas y urbanas, de hecho, sus ingresos permitieron costear la construcción de la Cartuja de Granada, e incluso envían los monjes de aquí para Granada.

En sus inicios, la Cartuja giraba en torno a la ermita construida junto al pabellón de caza y palacio de los Trastámara, conocida como la Capilla de los Reyes.

La construcción de la Iglesia comienza en 1406. Con la llegada al trono de los Reyes Católicos se acelera la construcción bajo la dirección de Juan Guas, arquitecto de la Reina Isabel. De esta época son el claustro principal y la portada de la iglesia en el atrio con clara influencia gótica tardía de transición al plateresco.

La Iglesia se consagró en 1629, supuso el tránsito al barroco, que se culminó con las reparaciones impuestas como consecuencia del terremoto de Lisboa de 1755. En esta época se añadió la capilla octogonal del Sagrario, ampliada por el maravilloso Transparente, uno de los máximos exponentes del barroco español.

El esplendor cartujo se materializa con la obra de Vicente Carducho durante 1626 hasta 1632, con la realización de 56 cuadros de 10 metro cuadrados cada uno, que narran la vida de Bruno de Colonia, fundador de los cartujos y escenas monásticas. Cubren unos cuantos huecos del claustro de la cartuja.

En 2009 se han llevado a cabo obras de restauración y climatización del claustro y en 2011 han sido recolocados 52 cuadros, que han supervivido.

En el centro del claustro se levanta un templete octogonal de piedra de 3,60 m de lado, donde a dos alturas diferentes están grabados los cuatro relojes de sol.

En la parte superior de paredes lisas, se encuentran tres relojes verticales que señalan la hora solar. En la parte inferior se abren cuatro ventanas y cuatro puertas, rematadas con arcos conopiales en consonancia con el resto del claustro. Sobre la puerta de medio día se puede contemplar el cuarto reloj que señala las horas babilónicas e itálicas.

Al otro lado del claustro, existe un pequeño cementerio, con tumbas de los monjes fallecidos y alguna de seglares. Una de las tumbas corresponde a James T. Connell como reza su inscripción en inglés, fue canciller del presidente Harry S. Truman y participó en la decisión del lanzamiento de la bomba sobre Hiroshima en 1945.

No se sabe si su decisión de venir al monasterio en su Hotel de Santa María de El Paular, fue como consecuencia del peso de su responsabilidad, el hecho es que se integró en el ambiente monástico, hasta su fallecimiento por un infarto el 13 de agosto de 1958.

Fue enterrado en el cementerio de Rascafría y a los tres meses su hija Elizabeth le pidió al Prior, trasladar sus restos al Monasterio y descansa desde entonces, allí. Le hicieron sus hijas Elizabeth y Vera un mausoleo, que el tiempo meteorológico se encargó de destrozar, hace unos años, un nieto suyo que visitó la tumba; después de esta visita, a su regreso a los Estados Unidos, su madre Elizabeth escribió al P. Leandro Galdeano que con cierta frecuencia se escribían ya que el P. Leandro hablaba y escribía perfectamente el inglés; En su última carta, solicitaba  al Padre Prior, que le hicieran la sepultura adecuada que resistiera el paso del tiempo. Unas piedras perimetrales de granito sobre tierra, es la que tiene todos los enterrados en ese lugar. Es citado por Luis Buñuel en su obra “Mi último suspiro”.

 

Una vez finalizado el periodo de concesión del Usufruto otorgado por el Estado a la Orden Benedictina, el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, otorga a dicha Comunidad Benedictina un Cesión de Uso Parcial Especial del monasterio por cuatro renovables. Y el Ministerio da la gestión del monasterio a través de la Empresa Pública Tragsa.

Actualmente la comunidad benedictina consta de 8 miembros, con el P. Prior Miguel Muñoz Vila a la cabeza; la comunidad benedictina reside en el ala norte y el ala sur del claustro, en una de estas alas se encuentra el Centro de Espiritualidad donde acuden hombres y mujeres para compartir la vida de los monjes en el que se comparte el rezo de las horas litúrgicas y las comidas en el refectorio; también en dicho Centro de Espiritualidad se imparten cursos de Sagrada Escritura. Todo ello, brinda un espacio de paz y sosiego donde compartir con los monjes su experiencia de oración, recogimiento y silencio.

Si les interesa pueden ponerse en contacto con el Hermano Hospedero José Benvindo

Teléfono 682 768 931

Para más información en www.monasteriopaular.com

Carretera M-604 Rascafría (Madrid)

#·Bibliografía Asociación Amigos del Paular.

 

Nuestra carta

La permanencia en la hospedería, es por un mínimo de tres días y un máximo de 10 días. Se rige por unos horarios y normas estrictas de obligado cumplimientos que sigue la comunidad benedictina (entradas, salidas, rezos y comidas).

Uno de los propósitos de la hospedería es que los huéspedes puedan conocer íntimamente la vida contemplativa, por lo que es necesario acudir a tres de las horas monásticas más importantes del día. Laudes a las 8 de la mañana, Sexta a las 14 y Vísperas a las 20 horas. Así como, a las comidas comunitarias, desayuno, comida y cena.

De la cocina se encarga Mari Carmen, una gran profesional que lleva en el Monasterio 17 años ocupándose de todo lo relacionado con dar de comer y cenar a los monjes y a las personas hospedadas. Aprendió de su madre y a los 16 años empezó a trabajar en la cocina. Ha estado en Pinos Aguas con Andrés su propietario y jefe de cocina, en Los Calizos y recaló en el Monasterio con motivo de una sustitución por vacaciones de la cocinera, les gustó tanto a los monjes que la pidieron que se quedara y estuvieron juntas hasta la jubilación de la oficial. Los días que libra la sustituye el Hno. Joaquín un hombre con muy buena mano para la cocina, sobre todo para los arroces y paellas.

Lo que más me llamó la atención de la cocina fue su limpieza. La cocina es muy grande con una cúpula circular en forma de embudo invertido de 10 metros de altura, con un lucernario en su parte superior.

Su cocina es casera, hace platos tradicionales y condicionados a los productos de temporada. El día de mi visita estaba preparando unas lentejas con chorizo y jamón y unas costillas de cerdo al horno, acompañadas de patatas asadas y pimientos verdes y rojos.

Estaban extraordinarias y las pueden casi degustar, en las fotos que les acompaño.

Las comidas se realizan en el refectorio, que está junto a la cocina. Se hacen en silencio y de forma rápida. Durante la misma, un monje lee pasajes monásticos, o lecturas espirituales.

La estancia en la hospedería del Monasterio con habitación, desayuno, comida y cena es de 50 €. Por persona y día.

Si les interesa pueden ponerse en contacto con el Hermano Hospedero José Benvindo

Teléfono 682 768 931

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